lunes, 28 de abril de 2014

Una PyME en el espacio

Sigue a continuación una interesante nota sobre Satellogic titulada "Una PyME en el espacio" publicada el día de ayer en www.niapalos.org.

UNA PYME EN EL ESPACIO

Por Charly Gradín   

Emiliano Kargieman es el hombre detrás de Satellogic, una PyME del barrio de Colegiales que está a días de lanzar su tercer satélite al espacio. Entre la ideología cyberpunk, la apuesta por el desarrollo local, y el mandato de dominar y conocer la tecnología, Kargieman moldeó una empresa de alcance global que hoy trabaja para llevar hasta el último nivel su gran apuesta: abaratar el espacio. 


Es una tendencia reciente. El abaratamiento de la tecnología llevó a organismos y empresas de diversos países a explorar la posibilidad de lanzar satélites al espacio, sin recurrir a inversiones multimillonarias. El costo de un nano-satélite se reduce miles de veces. Pero puesto en órbita, y pese a sus capacidades limitadas, es capaz de tomar y transmitir video y fotografías de un planeta sobre el que gira varias veces, todos los días, a miles de kilómetros por ahora. “Hoy esa información es demasiado cara”, dice Kargieman. “Es de difícil acceso. Y tiene poca frecuencia, o sea, está poco actualizada. Pero si la abaratás, puede pasar a ser parte de la toma de decisiones diaria de muchas empresas, organismos e individuos”.

Satellogic se distingue por provenir del mundo del hacking. Todo el diseño y el software de los satélites -lo que llaman su “plataforma”- está puesto a disposición, bajo licencias libres, para todos los que quieran conocerlo o replicarlo. Los dos satélites ya puestos en órbita -Capitán Beto y Manolito- transmiten las 24 horas. Todo radioaficionado puede sintonizar su frecuencia, y recibir sus paquetes de información, por ahora limitada a variables internas, como el movimiento de sus giróscopos o las mediciones de sus paneles solares. Son modelos de prueba.

Queremos poner una constelación de satélites dando vueltas por ahí, para poder tomar muchas imágenes y video”, dice Kargieman.

Yo siento que vengo haciendo siempre lo mismo” -dice Kargieman- “más allá de qué tecnología tengo adelante”. Y agrega: “Fundamentalmente, la idea es que uno puede adaptar la tecnología para hacerle hacer las cosas que uno quiere. La idea de que realmente sos dueño de la tecnología en cuanto podés mirar abajo del capot y desarmar el motor, y saber bien qué es lo que está pasando. Y si no, no está claro quién está usando a quién. Si vos a la tecnología, o si ella te usa a vos.

A los 19 años, junto a su grupo de amigos-colegas, formaron Core Security. La empresa se dedicaba a la venta de servicios de seguridad informática. No les fue mal, y acabaron teniendo clientes como Apple, Cisco, y la agencia DARPA de Estados Unidos. Hoy la empresa sigue operando, pero hacia 2006 Kargieman decidió apartarse de las tareas diarias para explorar nuevos caminos. 

Hoy en día diseñar y construir hardware es más sencillo que nunca, por todas las herramientas que tenemos. Y al mismo tiempo estamos en un momento en que la manufactura industrial va a pasar por una etapa de cambios súper grandes. Entonces yo estaba mirando las curvas de diseño y fabricación de electrónica de consumo, por un lado, y por otro las nuevas tendencias de fabricación como el prototipiado rápido, las fabricaciones de tiradas cortas. Y empecé a pensar qué cosas se pueden construir con esto. En particular empecé a mirar el mercado de servicios satelitales. Y me di cuenta de que había una oportunidad enorme de empezar a construir cosas complejas como satélites”.

De nuevo, parece fácil. En 2011 Kargieman volvió a Buenos Aires. Había pasado una temporada en el centro de investigaciones Ames de la NASA en California. En los seminarios y charlas con investigadores y creadores de tecnología mantenidas allí, empezó a madurar su idea de una empresa de servicios satelitales moldeada por el espíritu de la tecnología digital. Y contra todos los pronósticos, encontró un lugar propicio para radicarla en Buenos Aires.

Todos los países del mundo tienen sus complejidades operativas”, dice. “Pero Argentina tiene algunas cosas súper positivas para hacer empresas de tecnología, en particular una capacidad técnica muy buena, muy capacitada. Hay posibilidad de sostener equipos de gente muy formada a largo plazo. Y gente creativa para solucionar problemas con pocos elementos y muchas restricciones”.

Satellogic tiene desde entonces su centro de investigación y desarrollo en Colegiales. El equipo de 13 empleados de la empresa montó los satélites, hechos en su mayoría de partes nacionales: un 60% en el primero, y 80% en el segundo. Salvo los chips, y otras partes baratas, el aporte provino de proveedores locales.

Kargieman terminó de decidirse después de contactar al Ministerio de Ciencia y Tecnología, y en particular al Invap, la empresa de tecnología estatal de Río Negro. Satellogic pudo trabajar en los laboratorios del Invap en Bariloche, y beneficiarse de su experiencia de muchos años como proveedora de servicios y tecnología para grandes centros del mundo. En particular, recibió del Ministerio una parte decisiva del capital necesario para empezar.

¿Qué fue lo más difícil? “La logística”, responde Kargieman. No el diseño ni la puesta en marcha de los satélites, pareciera, sino la capacidad de coordinar los esfuerzos, desde los ingenieros y programadores, hasta los componentes mandados a hacer a medida, y, por último, su puesta en órbita desde las plataformas aeroespaciales de China y Rusia, hasta donde viajaron los satélites.

Manolito y el Capitán Beto pesaron menos de dos kilos, y midieron 20 cm de alto (su base era de 10cm x 10cm). Una cámara de baja resolución instalada en Manolito toma fotos de las estrellas y le sirve de brújula. Un programa especial calcula permanentemente la inclinación correcta de sus paneles solares para ayudarle a aprovechar al máximo la energía de los rayos del sol, a medida que el satélite gira alrededor de la Tierra.

¿Quién va a usar los satélites? ¿Hacía dónde dirigirán su mirada? En pocos meses, Satellogic lanzará al espacio su primer satélite operativo. Además de transmisiones libres, la empresa planea dedicarse a la venta de servicios satelitales. Empresas, gobiernos y particulares podrán solicitar imágenes y videos de distintas porciones del mundo, a las que hallen de utilidad sobrevolar y almacenar en servidores, donde programas de análisis masivos les reporten la información deseada: sobre barcos en tránsito por altamar, flujos de tráfico en las rutas, estado del cielo, las nubes o los campos de un país.

Y, sin duda, suena como el comienzo de algo. Habrá preguntas por hacer, y en todo caso todavía tardará en disiparse el asombro por ver a un grupo de programadores, sumido en las entrañas de un PH de Buenos Aires, empacando un aparato, tal vez tomando un mate y coordinando su entrega, rumbo a alguna base aeroespacial de Asia, para sentarse a esperar a que empiecen a llegar los primeros latidos de información radial que indiquen que el satélite ya está en órbita y, al parecer, todo marcha según lo planeado.

Nota completa (ver aquí)
Fotos: Patrick Haar

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